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sábado, 25 de febrero de 2017

BARCELONA - MONTSERRAT paseo de día entero

Al bajar en la estación de tren lo primero que se ve es esta publicidad.
Detalles de accesibilidad, doble baranda, suelo en suave desnivel y huella podotáctil para personas con baja visión o ciegas.
Barcelona es TAN LINDA, ella te atrapa parece embrujarte con esos suelos ideados por Gaudí en Paseo de Gracia, las serpenteantes construcciones, las farolas con asientos para enamorarse, los cafés con terraza y esas sangrías que no podés dejar de tomar. Es un hecho que nunca querés salir. Pero si podés librarte de sus garras un día escapate a este enclave mágico al que se accede muy fácilmente en transporte público que no te vas a arrepentir.


Lo primero que ví al salir del Cremallera, no lo podía creer.




Invariablemente te preguntás: ¿Vale la pena abandonarla medio día o día entero? Si ya has vuelto o te quedás más de cuatro días la respuesta es un sí rotundo.

Misma vista, pero desde más arriba, por lo que se aprecia la estructura que hay subiendo la cuesta.

Lo primero a tener en cuenta sería un consejo, casi el más imprescindible, si no te gustan las multitudes, NO VAYAS UN DOMINGO. Es un paseo de lugareños, típico y de culto, o sea todos los que habitan Catalunya, ese día aprovechan para ir y hay que pedir permiso para transitar las calles.
Pero vayamos empezando por develar desde lo más simple.


La Ciudadela de Montserrat en la perspectiva de un plano.


Cuadro con la estructura de
Montserrat y sus capillas 
¿Qué es?
MONTSERRAT, aparte de un Monasterio e Iglesia es un macizo. Etimológicamente quiere decir Monte Cerrado, es una formación rocosa prominente muy vistosa.  
Su historia data desde el año 1025 de nuestra era. 

En la web está tan bien narrada que sería una pérdida de tiempo que yo la copiara, leanla con sus propios ojos haciendo clic en este link HISTORIA

¿Cómo es que fui?
Me llevaron. Sólo sabía el nombre y que, QUIEN ME INVITABA, SE OCUPARÍA DE LA ACCESIBILIDAD, y eso era lo más para mí y para Adrián. 


Rodrigo, Laia y Naty mientras
recorríamos la planta hotelera.
¿Quién me invitó?

TRAVEL EXPERIENCE en la persona de Rodrigo Moreno Becerra. La web la encuentran haciendo clic en el nombre de la agencia, no se la pierdan!

¿Cuántos fuimos?
Éramos 4, aparte de Adrián y Rodrigo, fuimos con Natalia Vindas, ambas egresadas del Postgrado en Accesibilidad y Diseño Universal de la UIC de Barcelona, ella de Costa Rica, yo de Argentina la web presencial nos hizo comprender que en Barcelona, la Meca de la accesibilidad, nos teníamos que conocer.


Primer plano de Nati bajando del
bus, atrás, dentro del bus
la seguía maniobrando
¿Cómo íbamos? 
Dos caminaban, y dos íbamos en scooter. 
A su vez los dos scooters eran diferentes, uno plegable y otro compacto.
Las usuarias éramos diferentes, yo acostumbrada a usar los full size, probaba el plegable para ver si era plausible comprarlo.
Naty nunca había usado uno y se vió impelida a hacerlo cuando un domingo por la mañana al llegar a Barcelona una aerolínea hizo su silla más alta y finita!
  
¿Qué medio de Transporte utilizamos?
Salimos desde Plaza Catalunya, tomamos bus, Tren y al llegar a Montserrat hicimos trasbordo al tren con Cremallera que trepa unos 1000 metros en unos pocos minutos. 


En BARCELONA, en Plaza España, entrada al vagón accesible con huella podotáctil que termina en una gran superficie que es donde para el vagón, parecía una clase de accesibilidad pero es la vida real. Qué suertudos a los que les toca vivir en Barcelona.

Vagón accesible con asientos rebatibles y un ramillete de barandillas
para tomarse por si se movía el tren. Fueron 50 minutos de sacar turno para hablar!

El espacio con asientos rebatibles sirve par ubicar un scooter, o un
carrito de bebé y que quien lo lleva se siente.






T
Los cuatro en el cremallera descubriendo la magia del Macizo de Montserrat que se iba abriendo ante nuestros ojos.
Foto cortesía de Rodrigo.
Todo accesible para silla de ruedas, scooters y demás ayudas técnicas, accesos, transporte y máquinas para sacar boletos. 

Montserrat es un lugar de culto, de procesión, asique se puede llegar de muchas maneras, a pie, ruta, telesférico, tren y cremallera. También muy detallado en su web CÓMO LLEGAR



Recién bajadas del CREMALLERA, a la izquierda de Naty, se aprecia la huella podotáctil. Felices rodando juntas, la aventura comenzaba un día más!








Recorriendo el complejo, Adrián,
Rodrigo, Laia y yo.
Foto: cortesía de Naty.
¿Qué hicimos?

Recorrimos a fondo la ciudadela con una experta, durante siete horas, aún así nos quedaron lugares por conocer, medios de transporte internos por utilizar y cosas por descubrir.

Fuimos a ver las habitaciones accesibles en el Hostal Cisneros. El Apart no pudimos visitarlo porque estaba ocupado. Visitamos un Restaurante que había sido una caballeriza. Fuimos a la gran Pinacoteca de Montserrat, luego Museo y finalmente a la Iglesia. 

En el grupo éramos tres que hacíamos relevamiento de accesibilidad y un fotógrafo que buscaba sus tomas mientras recorría Montserrat que desde 1986 es un Parque Natural.


Adrián mirando si había
captado bien a los escaladores
en las abruptas montañas de

piedra.
¿Quiénes nos recibieron?
Cuando salimos del tren a cremallera Rodrigo se cruzó al centro de Información y salieron a nuestro encuentro, Susana Peña Escur la Directora comercial, y Laia Álvarez Navarro del Departamento comercial y de reservas. 

Luego de una breve presentación, charla y recorrida hacia los baños públicos, Susana se despidió y fue Laia quien quedó encargada de llevarnos a conocer el complejo desde nuestra llegada al mediodía hasta las 8pm, momento en el que tomamos el último tren de cremallera. Ella se bajó en la estación de su pueblo en la base del Cerro, nosotros en la estación siguiente para hacer trasbordo en el tren que nos devolvería a Plaza España.

Llegamos a Montserrat con atraso gracias a una aerolínea que le había arruinado su silla manual a Nati mientras viajaba de Costa Rica a España. Pero la adversidad no nos detuvo y fuimos igual, genial porque el lugar es atrapante.


Transporte interno de Montserrat por si es difícil subir caminando hacia el hotel, Rodrigo preguntando por la accesibilidad. Foto: Adrián.


Como era el mediodía pero a su vez no teníamos tanto tiempo como lo planificado en principio, fuimos invitados por Laia y comimos en un bar que hay más al paso. Probé un plato típico de España, la Butifarra.

Por suerte a la salida del bar había 3 escalones para salir y el camino para llegar al lugar en el comeríamos era pasando por el Mercado de Montserrat. El mismo en la puerta tenía una mesa con una señora muy amable que te hacía probar cosas ricas fabricadas allí. 

El señor chocolate con aromas de Montserrat que viajó por algunos países antes de llegar sano, salvo y sin abrir a casa.
Los monjes hacen un licor típico con hierbas y un chocolate con ese licor. Los dos fueron comprados diligentemente para ser consumidos en algún evento especial. El licor aún vive, el chocolate ya encontró su evento, la hora 0 de mi cumpleaños, comencé el día con recuerdos gratos de este lugar.


Y un día lo abrí, para mi cumple entonces los recuerdos de ese día tan divertido vinieron a mi mente al instante.


¿Qué pasó?
El lugar parece una ciudad una vez que llegás, desde abajo parece una torta decorada con picos de chocolate. Como nada investigué todo me sorprendía paso a paso, rueda a rueda.


Velas votivas a la salida de ver a la virgen, claro que tratándose del camino accesible, siempre nos toca por donde se sale, como a contra corriente. Así con la plataforma y todo no fue nada fácil.

Será que me llevaron de la mano desde Barcelona, será la dulzura y paz de Laia, serán las risotadas que largábamos por todo el camino, será que junto a Nati hicimos lo que nos gusta: relevar y transmitir francamente  a un interlocutor válida lo que es un acierto en accesibilidad y en qué cosas hay que trabajar.



Mi scooter entró justísimo porque era muy corto a causa de ser plegable, el de Naty en cambio, no entró por tener una medida estándar.

Habrá sido que cada uno le encontró su magia de acuerdo a lo que le gusta, a sus intereses y hasta a su fe. Sea lo que fuere que haya sido, los cuatro lo pasamos genial y un día juntos resultó una oportunidad para conversar de tantísimas cosas que teníamos en común. 

Una vez más se hizo evidente que el tiempo es RELATIVO. 

Enfrentando la plataforma, sube o no sube, cómo se manejó el desnivel en el terreno, cómo se comportan los scooters? y las sillas? Autonomía? Por aquí falta trabajar un poquito más.


Si había algo que sobraba en el hombre encargado de manejar la plataforma era VOLUNTAD, AL NO PODER SUBIR CON EL SCOOTER, le trajo una silla a Naty y así subió para ver a La Moreneta, tenía que pedir por la salud de su silla machucada!
Imaginen la escena: una lugareña que encontró trabajo en su terruño, un argentino viviendo en Andorra, recorriendo junto a compatriotas, una Tica en su primer viaje rodando sola y dos viajeros lentos que enamorados de Barcelona que fueron sorprendidos por un énclave tan imponente e importante para los catalanes.


Pero cuando llegamos al que pensamos era el camarín de la Virgen... nos faltaban aún 7 escalones. Adrián y Rodrigo fueron por la captura de la imagen, por esta escalera salen los fieles luego de ver y rezarle de cerca.
Faltaba algo más? Ver a LA MORENETA, que fue una experiencia que les contaré otro día junto a algunos detalles sobre la accesibilidad de la planta hotelera y recreativa del predio.


La mejor imagen que tuve de la
vírgen fue en el museo cuando
saqué esta foto. 
Hay que aceitar un poquito la ACCESIBILIDAD en esa plataforma pero se logró. Como sorpresa y gran cierre, saliendo rápido del museo pudimos ir a ver a los niños de la escolanía cantando dentro del santuario.

Para terminar y poder brindarles una dimensión de lo que es el lugar, cómo se siente llegar y la belleza del canto les dejo este video que creo que es el que vimos en el Museo que está al ladito de la casa de souvenirs.

En violeta y subrayado El título en Youtube y el link en violeta y subrayado, por si no lo pueden ver desde la imagen que se encuentra al final del post.


ESCOLANÍA DE MONTSERRAT, la maratón, con Sergio Dalma.



Si te gustó el post y volviendo a la bella Barcelona, un rinconcito que me gustó, un hotel muy bien ubicado.

HOTEL PASEO DE GRACIA

viernes, 20 de junio de 2014

Heridas viajeras

Fotos de la primera vuelta, nos
deslumbraban  las megaestructuras.
Cuando miro al espejo casi yéndome por mi lado izquierdo siempre descubro un pedacito de aquella herida que alguna vez tomó la mitad de mi cuerpo. 

Mi recuerdo de ella es casi invisible, luego fue normal. Para mí todos tenían una cicatriz así. Cuando crecí, aprendí que no a todo el mundo abren como un marranito para arreglarle el corazón a los cinco meses.

Con el tiempo y por los dichos familiares descurbrí que al menos esta cicatriz como su dueña eran viajeras. 

Cuentan que cuando me operaron iba de la mitad del pecho a la mitad de la espalda. Hoy sólo puedo ver con esfuerzo la parte de la espalda y dependiendo de la malla que use en el verano ni siquiera me preguntarán el por qué de ella.

Un poco más adelante y otra vez mirándome en el espejo me pregunto: ¿será verdad que las heridas son viajeras? Creo, llevándolo a otro plano un poco menos carnal, que todos tenemos heridas que cicatrizan en distintos momentos. 

Por eso viajamos con nuestra herida y un botiquín para curarla hasta que sane y cicatrice, luego seguimos con ellas a todos lados. No se borra, no se vá, sana y nos marca convirtiéndonos en lo que somos por esencia, únicos e irrepetibles.

y los parecidos con los reales.
No creo que la OMT (Organización Mundial del Turismo)  tenga una estadística sobre esto pero, UN VIAJE es una de las respuestas TOP TEN que un amigo, familiar o conocido te recomienda cuando estás mal o herido, por ejemplo de amor. 

Así hay viajes de venganza, viajes por despecho, viajes liberadores, viajes de encuentro, viajes de búsqueda, viajes de peregrinación, viajes de solos, viajes accesibles, viajes sin fronteras y podría escribir un puñado más.  

Es que de hecho alrededor de muchos de los títulos de viajes anteriores se ha armado una especialización en los últimos veinticinco años. Agencias que forman grupos con un interés común y propone salidas especiales.

Ahora pregunto a quien lee: ¿alguna vez viajaste con una gran herida y tu botiquín a cuestas? ¿Fue sólo o acompañado? Y si la opción es la segunda, quien te acompañaba, ¿lo sabía?

Personalmente fui acompañando a alguien en situación de duelo, quien desde la pérdida de su compañero de vida, no había podido viajar más. 

Lo inmediato es aconsejar: Andá a donde no hayas ido nunca con él, conocé nuevos lugares, como si hubiera otra vida paralela en los lugares que uno aún no conoce. Entre todo también llegan esos alientos venidos del cine catástrofe: viajá mientras puedas, mientras te dé el cuerpo. 

Aunque encontramos perfiles donde definitivamente te dabas cuenta que no era la verdadera Venecia

Ni la verdadera París, y la fotografiamos en horarios raros para Las Vegas, bien temprano por la mañana a la hora del desayuno.

El hotel París por dentro a la mañana temprano.
No hay rasgos de horario porque el casino está integrado desde la entrada

Emocionada por las flores logré retratarla junto a ellas, la belleza es inminente, pero lo que más me costaba era arrancarle una sonrisa.

Cuando su tiempo llegó, ella empezó a emprender la búsqueda y el itinerario finalmente se hizo realidad. 

Fui parte del armado y fue una mezcla entre lugares que habían recorrido juntos y otros que no. 

Vale aclarar que éramos dos las personas en situación de duelo por la muerte una misma persona, su marido, mi padre. Hubo un destino en el que habíamos estado por separado papá y yo, nos había encantado y siempre se lo contábamos pero no llegaba el momento de ir los tres juntos,  se lo habíamos contado una y mil veces, y ella nos repetía que no quería escuchar más, sólo experimentarlo.

Forum shops al lado del Hotel Caesar inusualmente vacío otra vez ella esquivando la foto.

De noche sacando fotos cada una conectando con Las Vegas de distintas maneras.

Lugares magnificentes, cielos divinos pero un poco agobiantes...

El viaje fue largo y ajetreado y todo lo que pasó en él también, pero para resumirlo, creo que fue sanador, que ocurrió justo cuando tenía que pasar. 

Hubo risas, llanto, rabietas, recuerdos y mucho disfrute. Las personas atravesando situación de duelo éramos dos con lo cual la herida cada uno la llevaba como podía y con su propio botiquín. Muchas veces nos lo prestamos, hubo momentos de silencio, otros de mucha risa y muchos de fuertes emociones.

Estados Unidos veinte días, cuatro destinos, tres estados y diez aeropuertos. Así escrito parece más un viaje más de aventura que de búsqueda. O ¿era de búsqueda de aventura? 

Una vez de vuelta y cuando ya había pasado un tiempo recibí el pedido más raro, me dijo un día soleado mientras compartíamos un café: -Me parece que me quiero ir de nuevo de viaje, si pudiera ser a los mismos lugares mejor, porque me parece que no los pude ver bien. Si la primera frase me había sorprendido el final del pedido ni les cuento, quedé atónita, pero sólo por unos instantes, luego comencé a delinear la logística de pasajes, hoteles y fechas para armar más o menos lo mismo. Entonces en un brevísimo plazo volvimos a la carga y nos fuimos de nuevo a casi los mismos lugares.

Segunda vuelta, recorriendo los íconos,  juntas y sonriendo  a pesar de los 47 grados a las 11am.

Cuando estás sonriente te cruzás hasta a una cantante lírica
que celebra el carnaval de Venecia.

Y te los encontrás por todos lados incluso cerca de la recepción.

Cuando estás en plan de risa hasta la re elaboración de un
 tiramisú en afamado hotel te causa risa.
Para respiro nuestro y del lector esta vez pude bajar las cifras a tres destinos, dos estados y seis aeropuertos. 

Sinceramente hubiera esperado casi no sacar fotos, casi no asombrarme porque volvía a los mismos lugares muy pronto ¿qué podría haber cambiado? Hoy a la distancia creo que lo único que había cambiado era: ‘el lugar de la cicatriz’ no se había ido pero había sanado. Una vez más comprobamos juntas que la percepción es selectiva y lo que más me sorprendió aún fue vivirlo desde la fotografía. 

No es una novedad lo que voy a decir: los seres humanos en general somos muy visuales. Las fotos, el tema, los detalles no fueron los mismos. El segundo viaje tenía más brillo, más aventura, más sanación.

Y todo te sonríe hasta los elementos que parecen inertes!!!
Nos encontramos con estas mochis y no pude evitar sacar esta foto.
Concluyo entonces que así como mi herida del pecho y la espalda se quedó por allá atrás en la espalda, las otras heridas, las que no se ven también van viajando por distintas partes del cuerpo mientras pasan de herida a cicatriz.

A veces esas heridas se nos manifiestan de alguna manera, somatización diría un psicólogo, el cuerpo avisa diría una abuela, creo que es cuando no les prestamos atención, allí aparecen como avisos en el cuerpo mutándolo por un tiempo. 

Creo que el cerebro sabe que somos muy visuales y es la forma que tiene de hacer que nos ocupemos de nuestra alma.

Cuando sanaste aflora, en una sonrisa, en un gesto
 y en las fotos eso brilla
 Si te gustó este post también podés leer: 

Un fortuito encuentro con dos veteranos de USA en una tormenta de verano en un hotel de Disney, me dejaría una gran enseñanza.

VOLVER A EMPEZAR

lunes, 31 de marzo de 2014

Volver a empezar

Mamá el scooter y yo sanas y salvas bajo techo.
Las posibilidades reales de habernos encontrado con Liz y Travis en ese hotel tan grande eran mínimas pero lo improbable sucedió, me sorprendió y difícilmente pueda olvidar esa lluvia, esa charla y esa historia.
Era uno de nuestros últimos días en un apacible hotel hecho alrededor de una cancha internacional de Golf en Disney, el Saratoga Springs. 
A causa de ser tan extenso tenía dentro de él cinco paradas de colectivo, una, Paddock,  había llamado nuestra atención porque tenía una piscina con un gran tobogán y un restaurante informal, el grill que llevaba también el nombre de la parada. Llegamos ahí en el día menos adecuado, uno en el que se desató una gran tormenta. Casi todos huyeron de la piscina, el jacuzzi y el restaurante. Éramos casi las únicas, los otros que también habían insistido en permanecer a pesar de la lluvia bajo un techo muy pequeño era una joven pareja. Me molestaba su presencia, pues su charla en tono de quejido permanente me impedía escuchar el ruido del agua y  los pájaros. Prejuiciosamente pensé que se trataba de un chico rico despotricando sobre su vida luego de una sufrida carrera en Harvard. Nunca estuve tan equivocada. 

Ellos se acercaron a mí con admiración para felicitarme por mi coraje al andar montada en un scooter. 
Me sorprendió pues a mí que no me parecía ninguna proeza. 

Casi por gentileza luego de que Travis me dijera que me comprendía porque había estado casi dos años sin caminar, le pregunté si lo suyo había sido un accidente de moto ya que lo veía alto, esbelto y buen mozo. 


Una palabra trajo a la otra y terminamos en una profunda charla sobre, la vida, los valores, desafíos físicos, pasiones, trabajo y decepción. Ellos, dos militares de 29 y 43 años jubilados desde hacía menos de dos meses habían ido a Disney para relajarse un poco y delinear los próximos pasos a seguir en su vida. Su país, la fuerza militar o como se le quiera llamar los dejaron solos, fuera del sistema, fuera de la fuerza con un retiro forzoso por no servir físicamente. Todo esto luego de haber defendido con cuerpo y alma a su nación en países tan lejanos como Irán o Turquía.
Lluvia, chocolate en taza, helado con la cara de Mickey y un encuentro inolvidable.

A Travis, un joven de casi treinta años con más de nueve de servicio en el frente en países lejanos le explotó una bomba cerca que le afectó la mitad derecha de su cuerpo. Esto lo dejó impedido de caminar. Paulatinamente pasó de estar en una cama a una silla de ruedas, luego a caminar con muletas y cuando parecía que ya las dejaría le hicieron un ofrecimiento. Su pie derecho aún no respondía para caminar, no servía. Le propusieron amputárselo, ponerle una prótesis y reincorporarse. Como su respuesta fue negtiva vino la elección. La operación y pie biónico o la baja y jubilación. Travis confiando en su capacidad de recuperación eligió la segunda opción. La voluntad, la plasticidad neuronal o todo combinado hizo el resto. Camina sin dificultad y sin ayudas técnicas como bastón o andador. Tiene una discapacidad, pero no es visible, tiene poca autonomía de caminata y fuertes dolores en su pie a veces, pero lo mira con orgullo y dice: es el mío yo pude.

Como si entre la lluvia y la historia de Travis no hubiera tenido suficiente, miré a Liz y le pregunté: -¿Vos también tuviste algo?, tratando de que a la pregunta vaga sobrevinera una respuesta del mismo tenor. Liz que mientras hablábamos con Travis había llorado casi tanto como el cielo que no dejaba de descargar agua, comenzó a hablar: - yo tengo 43, somos novios, nos conocimos mientras estábamos en servicio, a mí me operaron mi pie y luego señaló su cabeza. ¿Secuela de esquirlas? Pregunté como sacando la idea de una de los cientos de películas que ví. No, contestó, secuelas psicológicas. Una vez que te pasan a retiro te mandan a un programa médico de veteranos pero somos tantos que llenar los formularios y esperar sus tiempos se hace muy largo. Es muy desgastante concluyó.


Liz,  Travis y yo luego de la charla.
A esa altura, quería huir un poco del tema entonces como para cambiar ángulo les pregunté dónde vivían. Se miraron, y al unísono contestaron: -No tenemos casa ni dónde ir a vivir. 

Como a la mayoría de los norteamericanos, Hollywood los convenció de que cuando no queda más opción, latinoamérica es la respuesta, asique estaban dando vuelta el globo para ver a qué país irían. 


Traté desde mi óptica de sudamericana que vivió en América del Norte de hacerles entender que tal vez había sido el Sistema militar quien los había desilusionado pero no su patria. Traté de decirles que en otro país serían extranjeros siempre. Se miraron, y otra vez casi a coro dijeron: -hemos sido extranjeros muchos años defendiendo a nuestro país, ahora seremos extranjeros viviendo una nueva vida y cuidándonos como pareja. Vamos a estar bien…


Antes de despedirnos, nos sacamos fotos, intercambiamos correos electrónicos y nos dimos un fuerte abrazo. Estábamos felices de habernos conocido. A pesar de estar en el mismo hotel nos separaban dos paradas de bus y tres kilómetros. La lluvia nos unió y voy a guardar esa charla como algo muy preciado. Quien terminó admirándolos profundamente fui yo.

jueves, 30 de enero de 2014

La silla mágica de Anita

Anita y Máximo jugando con
 la silla, tal vez practicando 
para asistir  a la próxima fiesta!
En un día como cualquiera pero que pronto sería fuente de reflexión, me encontraba escribiendo un mail cuando apareció Anita, la hija menor de mi amigo, y con su voz suave me preguntó: 

-“Nélida… ¿por qué trajiste una silla de ruedas?” Paré de escribir, le dediqué toda mi atención y le contesté: -“Resulta que en rehabilitación estoy haciendo unos ejercicios muy fuertes por los que luego me siento muy cansada. Entonces, para hacer recorridos largos la uso; por eso la traje, así puedo trabajar y me siento bien”.
Me miró, pensó por un mili segundo y arremetió con otra pregunta: “… y si una nena va a una fiesta y lleva una silla de ruedas y se queda dormida, se puede sentar en la silla de ruedas y la llevan ¿no es cierto?”.  Debo ser sincera: no entendí bien a qué se refería o a qué apuntaba su pregunta, así que rápidamente contesté: -“Sí, claro, a la nena la pueden llevar”. 

Cuando quise indagar fue demasiado tarde: ella ya tenía su respuesta y se aprestaba a seguir jugando… con mi bastón…
Al rato, cuando le conté a la madre lo ocurrido, entre risas me dijo: -“¿Sabés por qué te preguntó eso? Lo que pasa es que últimamente tuvimos dos cumpleaños de quince y le dijimos a nuestros dos hijos que no los llevábamos porque ellos seguro se iban a cansar, a quedar dormidos y luego no íbamos a poder cargarlos y llevarlos hasta el auto, por esa razón deberían quedarse en casa para descansar tranquilos”. Entonces nos reímos ambas de la ocurrente manera de Ana para solucionar el problema.
Anita, la viejita, con mi bastón.
Siempre me pareció sumamente rara la adoración que ambos niños han tenido por mi bastón. Máximo, cuando era bebé, jugaba con él y se enojaba mucho cuando yo debía usarlo y por consiguiente debía sacárselo. Ana se colgaba del bastón mientras yo caminaba, hasta que un día le expliqué que lo usaba para caminar y que ella no podía jugar con él mientras yo lo estuviera utilizando pues eso haría que me cayera y tal vez me lastimara. Sus papás le explicaron que lo precisaba para caminar siempre. Desde entonces cada vez que me ve sentada viene y me pregunta: “¿Estás bien? ¿Estás sentada? ¿No precisás el bastón? ¿Me lo puedo llevar?”. Entonces se lo presto y se va a jugar con él, haciendo sus mil papeles… “Soy Anita, la abuelita viejita” dice y achina sus ojitos al tiempo que habla entrecortado.
Estos niños han sido criados en contacto con mucha gente pues sus padres son hoteleros. Desde pequeños han visto cientos de pasajeros de diversas edades, personalidades y nacionalidades. Siempre que preguntaron por bastones, muletas o sillas se les contestó para qué sirven las ayudas técnicas. No sé por qué rara cuestión no les son extraños, deprimentes, tristes o simplemente agentes de contagio de enfermedad alguna. Son simplemente eso, una ayuda, algo que puede auxiliar a cualquiera que las necesite de las maneras más extrañas. O pueden ayudarlos a ellos a convertirse en otra persona, en un ser motorizado. Son, de alguna manera, como un disfraz.
Aquí les pedí que posaran para la foto, Ana 
saluda cual princesa desde su carruaje, 
Máximo la lleva contento  y en algún 
descuido la hace encontrar 
con la pared más  despejada, juegan 
no les infunde miedo ni rechazo,
es un medio de locomoción más.
Por esa razón LA SILLA para Ana es una SILLA MÁGICA ¡¡¡es la SOLUCIÓN que le permitirá la próxima vez ir a la fiesta a la que deseaba asistir!!!
Para terminar quería compartir una frase que me impactó días pasados.
"Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento" Eleanor Roosvelt
Una silla, un bastón, un andador, un scooter son una AYUDA, no una perdición. Pueden ser tu oportunidad de hacer, conocer, sentirte bien, hacer lo que amás, redescubrir una actividad que dejaste de hacer, porque simplemente no te daba el cuerpo…
Un bastón, una silla o un andador NO TE HACEN MÁS VIEJO, MÁS VULNERABLE, MÁS TRISTE, MÁS INSERVIBLE NI MÁS CERCANO A LA MUERTE. 

No busques todo eso en un elemento INERTE… buscálo adentro tuyo. Miráte al espejo y aceptá que sos vos el primero que se SIENTE MENOS, QUE NO SE ACEPTA LLEVANDO UN BASTÓN O QUE LE PARECE DEPRIMENTE TU FIGURA SENTADO ARRIBA DE UNA SILLA DE RUEDAS, o una especie de robot por llevar un andador.

¡Si la frase de Eleanor Roosvelt es verdad, y NADIE PUEDE HACERTE SENTIR INFERIOR, cuanto menos podrá hacerlo UNA COSA!
Por un momento, borrá todos tus pensamientos y preconceptos de tu mente. Dejá que la lógica y el pensamiento de Ana te invadan. Mirá a tu ayuda técnica como UN ALIADO PARA ALGO, una actividad, un evento, ALGO y no lo mires desde arriba, o desde abajo, como tu enemigo más íntimo. Intentálo, hacélo, aceptá el desafío y tal vez te sorprendas como me sorprendí yo ante LA SILLA MÁGICA DE ANITA.